Cambio de perspectiva

Llevo unos días horribles en términos profesionales. Aplicaciones que fallan misteriosamente, prisas repentinas de un cliente, amenazas veladas de otro (o un correo mal entendido, espero que sea lo segundo)… La mudanza a la casa no ha ayudado a ordenar la agenda, aunque poco a poco me voy adaptando al nuevo entorno de trabajo. Cuando por fin nos colocaron las puertas que faltaban la casa empezó a parecer menos una obra y más una casa.

Pero hoy especialmente ha venido siendo uno de esos días en los que te cuestionas tu valor como profesional y si no valdría más la pena mandarlo todo a la porra y buscarse “un trabajo de verdad”, como diría mi madre – eso de que su hijo sea autónomo me da que no termina de verlo claro. No todo va mal, por supuesto. Si no, no llevaríamos dos años ya con PlayMedusa.  Pero a veces algo falla y a quien molesta no es a nosotros, sino a un cliente (o al cliente de un cliente), y eso destroza un poco la moral. 

Y liado como estoy con mil cosas entre manos nos toca ir al ginecólogo. Media hora en coche solo hasta Santa Cruz (Judith fue directa desde el colegio), semáforos, tráfico, un infierno para aparcar, casi llego tarde… Pero una vez entramos a la consulta y empiezan a hacerle la eco a Jud, todo cambia de repente. 

Cabeza, pies, manos, columna vertebral, los ojitos, el corazón latiendo. Se gira, se recoloca, la ginecóloga presiona un poco el vientre para que se mueva… Y parece que ya está claro. Será una niña. Y la eco no lo decía claramente, pero será una niña estupenda. Esbelta, guapa, tremendamente inteligente. Tendrá un sentido del humor admirable, con un punto mordaz, independiente y avispada. Le apasionará la lectura, como a nosotros, pero también devorará películas y buenas series. Creo que tocará un instrumento, tal vez el violín, y hasta puede que le gusten los videojuegos. Desde luego le gustarán los gatos. De los hombres que pasen por su vida ya veremos, pero espero ser un buen modelo para que elija al adecuado. No sé qué estudiará, eso lo elegirá ella, pero disfrutará con lo que haga. Sea como sea, ya la queremos. 

El resto ahora mismo me importa bastante poco.

Cómo te puede cambiar el punto de vista en un momento.  

 

 

Pues mal vamos.

Observe al dinero, pues es el barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando vea que el comercio se hace, no por consentimiento de las partes, sino por coerción; cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.

Ayn Rand
La Rebelión de Atlas