Cuatro meses después

El parto de Valeria no fue especialmente complejo, aunque sí largo. El proceso en total fueron unas 28 horas, desde las nueve de la mañana del viernes a las tres de la tarde del sábado siguiente, pero porque los partos inducidos suelen serlo. Los paseos por los pasillos para propiciar las contracciones, el dolor en aumento hasta la administración de la epidural, el solitario bocadillo de madrugada en la cafetería del hospital, la eternidad hasta dilatar cuatro centímetros y de repente estar en diez y empujando.

Se le lió un poco el cordón y no quería salir, así que en el último momento me echaron del quirófano, aplicaron una episiotomía y la sacaron con ayuda de una ventosa. Nos dejaron solos un par de horas, agotados. Valeria se enganchó al pecho casi a la primera, tenía más claro qué hacer que nosotros.

No voy a hablar de sentimientos porque no sé, pero no hubo gozo edulcorado ni alegría indescriptible como en las películas.  Más bien completitud, una pieza había encajado en su sitio. Todo era como tenía que ser.

A los dos días estábamos ya en casa. Despareció la colestasis, aprendimos a bañar a la niña, a cambiar pañales, a alimentarla. La peor parte sin duda se la llevó Judith, tanto por la recuperación  de la episotomía, que es muy dura, como por el dolor que a veces conlleva la lactancia materna exclusiva.

Pero todo eso ha pasado. Poco a poco el dolor desapareció, se curaron las heridas y aprendimos a organizarnos. Valeria es un angelito, buena como ella sola. Rara vez llora, solo cuando tiene hambre o un pedo atravesado. Sonríe, sonríe a todas horas. Desde que se levanta hasta que se acuesta. Incluso cuando está a punto de dormirse, con los ojos entrecerrados, intenta sonreir si  te ve mirarla.

Con cuatro meses ya es una personita. Hemos visto capítulos de Hora de Aventuras y Bravest Warriors juntos. Se queda embobada escuchando en el iPad las canciones de los dibujos de los sábados por la tarde que veíamos de pequeños (hasta el punto que se olvida de que tenía hambre). Coge los juguetes que le llaman la atención y empieza a balbucear sus cosas.

Supongo que soy un padre privilegiado. Trabajar en casa me permite disfrutarla a cualquier hora, no tengo que pedirle a mi mujer que espere a que vuelva de la oficina para bañarla. Judith ha pedido una excedencia y estará junto a ella hasta que cumpla un año: ¿para qué trabajar para ganar dinero para pagar a alguien por hacer lo que tú quieres hacer? Tiraremos de ahorros y de lo que PlayMedusa vaya dando, y disfrutaremos todo lo posible de este primer año de vida de nuestra hija.

Luego seguiremos improvisando, que por ahora no ha salido del todo mal.

 

Papás en 3…2…1…

Un parto programado es como una fiesta de cumpleaños sorpresa de la que te enteras porque a un amigo se le escapa algo. Sí, claro que la acabas disfrutando, ¡pero pierde parte de la gracia!

Las contracciones que no sabes si lo son,  salir con prisas de casa dejándote los bolsos que llevas semanas preparando,  conducir hasta el hospital con tu mujer resoplando al lado, entrar en el hospital, correr por los pasillos, gritos en el paritorio y todo eso que los padres primerizos imaginamos que es como hemos visto mil veces en el cine, aunque luego seguro que no tiene mucho que ver.

El nacimiento de Valeria no va a ser así (aunque tal vez sí haya gritos en el paritorio). Va a ser programado. Va a ser dentro de tres días. La culpa la tiene una colestasis gestacional.

Todo empezó hace unas semanas con picores en la palma de las manos y de los pies de Judith. Haciendo lo que nunca se debe hacer, consultó al Doctor Google. Colestasis del embarazo apareció como causa más probable en varios foros de estos donde las embarazadas comparten dudas,  síntomas y diagnósticos. Es una enfermedad rara asociada al tercer trimestre de embarazo (y me refiero a la colestasis, no a participar en esos foros), una patología del hígado que introduce  ciertas sustancias en la sangre de la madre, las que provocan los picores. Al buscar más información y leer “puede producir muerte súbita intrauterina”, terminamos de acojonarnos. Luego recibimos la bronca del médico de verdad por buscar estas cosas en Google y al poco la confirmación de que realmente era colestasis. Punto, sin que sirva de precedente, para el Doctor Google.

Los picores que produce son infernales, y más durante la noche. Judith lleva sin dormir bien casi desde que empezaron los síntomas, y solo le alivia un rato el frío localizado. Hasta compramos una pequeña piscina (de estas de PVC desmontables) para que pudiera chapotear y refrescarse. Pero nada, iban a más.

Al parecer hasta hace relativamente poco tiempo no se asociaban estos picores con las muertes intrauterinas, pero ahora se conoce y se controla la enfermedad. Controlar en este caso es simplemente monitorizar. Más allá de antiestamínicos para los picores (que a Judith desde luego no le han funcionado) y otras pastillas para tratar de mantener bajas las sales biliares en sangre,  el control consiste en análisis y registros semanales para observar  el estado de salud de la niña. Por ahora está estupendamente. Pero la madre está desquiciada. Despertarnos a las tres de la mañana por los llantos del bebé va a ser una gozada comparado con las  últimas noches que hemos pasado. Anoto esto para repasarlo más adelante, porque me da en la nariz que me voy a comer mis palabras.

Cuanto más tiempo pasa más aumentan ciertas transaminasas en sangre, y ya he contado cómo puede acabar la cosa. La colestasis gestacionales terminan en partos inducidos para evitar complicaciones. Tan pronto como el bebé cumple 37 semanas, se provoca el parto. Luego la colestasis desaparece. Qué cosas.

Valeria las cumple precisamente dentro de tres días.

Y como la historia es un poco triste así en su conjunto, mejor nos quedamos con la idea de que estamos tan impacientes por conocerla que vamos a dar a luz un poquito antes de lo que toca.