Crisis felinas, paredes blancas

La obra en la casa ha estado ligada desde el principio a los tres gatitos que adoptamos a poco de empezar a vivir en Fasnia: Cleo, que desapareció a los pocos días; Simba, quien se fue a explorar mundo hace ya dos semanas y no ha vuelto (me apetece un montón escribir cuentos sobre lo que ha estado haciendo: conocer a otros gatos, ayudar a un élara a volver a su casa, aprender a hablar, enseñar sus habilidades felinas a una niña…); y Ratón. El que parecía el más tonto ha resultado bien el más listo… o efectivamente el menos espabilado de los tres, al quedarse en casa. Cada vez que pasamos por allí viene a vernos y a pedir mimos. Y comida, claro.

Pero ha sido Ico quien nos ha tenido preocupados. El día de Reyes tuvimos que llevarla al veterinario porque llevaba ya casi tres días sin comer, después de haber vomitado un montón el primero, recuperarse el segundo y volver a vomitar el tercero un poco más. Y sin embargo su comportamiento era muy normal. Jugaba, hacía monerías, dormía bien… pero hacía ascos a la comida.

Tres días sin comer en un gato pueden dejarle muy tocado el hígado, así que casi no lo cuenta. Como la veía bien, yo insistía en esperar un poco más. Al tercer día Jud decidió que la tenía que ver un especialista. Y menos mal: al parecer sufrió una pancreatitis – ya veremos si aguda o crónica – y tenía coprolitos en el intestino. Caca dura como una piedra, vaya, por falta de hidratación.

La hospitalizaron y la operaron para explorarle los interiores, porque las radiografías mostraban el píloro muy inflamado y algo que podía ser un cuerpo extraño o un crecimiento anormal de tejido. Afortunadamente no se le encontró nada, excepto un pequeño trauma en el páncreas. Dos días después nos la traíamos a casa, técnicamente hospitalizada. Aun enferma tiene suficiente carácter como para no dejarse tocar por desconocidos, así que lo mejor era traérnosla y hacerle las curas nosotros. Le insertaron un tubo en el esófago por el que hemos estado inyectando comida cada tres horas, antibióticos y vitaminas una vez al día, protector gástrico dos, y un antiemético cada tres horas. Además le curamos los cuatro centímetros de cicatriz que tiene en la tripa con Betadine y Blastoestimulina. El viernes pasado soportó doce radiografías (de lado y boca arriba) para comprobar cómo una papilla de bario atravesaba su tracto digestivo – creo que me gané créditos de libre configuración ayudando a la veterinaria a hacérselas, vistiendo por supuesto un delantal de plomo para protegerme las gónadas.

Todo eso sin que el gato se quejara poco más allá de un gruñido. Para que luego digan que es mal bicho.

Como es fácil imaginar, no ha sido barato. “Es un gato, no vale la pena gastarse el dinero”. Ya, pero es nuestro gato. En el tuyo igual no me lo gasto, pero llevamos ya seis años con Ico y si todo sale bien aún le quedan otros seis por lo menos. Juego con ella, duerme con nosotros, nos hace compañía. Punto.

Y por suerte parece que se recupera. Poco a poco se va espabilando, aunque todavía duerme muchísimo y anda cabizbaja. Empieza a interesarse por la comida sólida y hasta ha perseguido un rato el puntero láser – que ignoraba los primeros días, ¡ya tiene que estar fastidiado un gato para ignorar al Señor Punto Rojo! Este miércoles hará una semana de la operación y todo apunta a que saldrá de ésta.

Parece que se confirma el ‘todo va a peor antes de mejorar’. Hoy empezaron ya a pintar el segundo piso y mañana ponen la puerta y la ventana que faltan. Avisaremos al electricista para que termine su trabajo y con suerte hacia final de mes veremos la casa, si no terminada, sí casi habitable.

Qué Murakami me ha quedado el título.

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Los otros inquilinos, parte II

Al volver a los Roques nos encontramos con que Ico, a lo Gizmo pero sin darle de comer después de medianoche, se había dedicado a soltar bolas de pelo por toda la casa. La pobre lo había pasado realmente mal.

Cenamos y nos fuimos a dormir. La casa de Susy en los Roques es muy pequeña, y aun así algo mayor que muchas de las del pequeño barrio costero de Fasnia. Tendrá treinta metros cuadrados habitables, pero disfruta de una situación magnífica, teniendo una playita de callados (de piedras, no de arena) a un minuto escaleras abajo. Efectivamente, también los Roques está en pendiente. La casa se compone de una cocina-salón, un pequeño baño, la habitación principal donde además está la tele y un cuarto pequeño pasada esta habitación, que cuenta con una litera donde dormimos Judith y yo cuando no estamos solos. Por supuesto, ¡yo me pido arriba!

Esa noche Ico estuvo especialmente cariñosa. ¡Claramente la experiencia en la casa de Fasnia había sido aterradora! Empezó durmiendo con Judith. Casi de madrugada fue a maullarle a Susy. Y cuando como a las siete de la mañana se puso a maullar a gritos, terminando por subirse a la parte alta de la litera para tratar de despertarme, empecé a sospechar que aquello no eran solo nervios. Me levanté y fui al salón seguido por la gata, donde estuve vigilándola. Y al ver que seguía rascándose y que de vez en cuando se mordía el lomo o una pata lo ví claro. Un rápido examen del pelo lo confirmó: se la estaba comiendo viva todo un circo de pulgas.

¡Garrapatas y PULGAS! ¡La maldita casa estaba infestada! El perro lanudo del inquilino debía haber traído consigo a todo bicho indeseable que pudo encontrar mientras paseaba por el monte o correteaba por las huertas. Y como su dueño no parecía hacerle ascos a vivir entre tierra y polvo, pues éstos encontraron en la casa un hogar magnífico para prosperar.

Desperté a Judith para que me ayudara a bañar a Ico, y ella misma se descubrió con las piernas cubiertas de ronchas. A Jud también la habían cosido a picotazos (o mordiscos, mejor dicho,  que las pulgas muerden), pero yo solo tenía dos ronchitas en una pierna. No atraigo a las pulgas,  se ve, no debo ser su tipo.

Me metí en la ducha con Ico (cada pocos meses la lavamos así, y el agua calentita hasta le gusta) y le froté el pelo con champú. La secamos bien y luego estuvimos observándola. Como parecía que se había calmado un poco, subimos de nuevo a la casa a seguir limpiando, como dos valientes.

Estuvimos un buen rato en la cocina, continuando el trabajo de Susy del día anterior. Más grasa incrustada, la nevera asquerosa, las sartenes de un color amarillento… Conseguimos limpiar bien el poyo y los estantes, pero después de un par de horas frotando todavía nos quedaba la otra mitad de la habitación, y considerábamos seriamente tirar toda la loza a la basura. Yo a ratos consideraba también el demoler la casa y empezar de cero.

Pero a Judith volvía a picarle todo, y como esta vez sabíamos qué ocurría decidimos dejar de limpiar hasta solucionar el problema de las pulgas y, de paso, eliminar a las garrapatas. De camino a casa decidimos parar a comprar una pipeta para desparasitar animales domésticos. Ya de nuevo en los Roques comprobamos que Ico seguía generando bolas de pelo, por lo que estaba claro que la necesitaba. Estas pipetas contienen un líquido que se aplica entre el cuello y el lomo, donde el animal no se llega, y en menos de un día suelen acabar con los parásitos externos.

La pobre estaba agotada. Durmió con nosotros en la cama una siesta de campeonato, bien pegada a nuestras piernas. Sí, nos preocupaban un poco las pulgas, pero el animal lo había pasado tan mal por nuestra culpa que no pudimos echarla. Y por la noche, ya de vuelta a Santa Cruz, igual. A la mañana siguiente había varias pulgas muertas entre las sábanas, así que la solución parecía efectiva. Poco a poco Ico dejó de rascarse y como tampoco le detectamos garrapatas dimos la aventura por concluída.

Pero quedaba la venganza. Esa misma semana contactamos con un servicio de desinsección que, tras un vistazo a la casa y a las huertas que la rodean, nos hizo un buen presupuesto. En un par de días, y enfundados en un traje protector blanco como el de los malos de E.T., acabaron con los insectos, con sus huevos y con sus larvas. Desde la casa de la abuela de Judith, en la parte alta de Fasnia, se  les veía recorriendo el terreno sembrando muerte y destrucción.

Nuestro gato pasó un fin de semana horrible, pero nosotros nos encargamos de exterminar tanto a sus torturadores como a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Hubo víctimas colaterales, a miles: muchos insectos y arácnidos de la zona perecieron durante los días más largos que recuerdan los bichos del lugar. Pero mereció la pena.

Ico fue la primera de nosotros en pasar una noche en la casa de Fasnia, aunque seguramente no guardará un buen recuerdo de la experiencia…

Mucho mejor del grifo

Me suelen gustar un montón las caras que ponen los gatos, pero este es especialmente gracioso. ¡Qué concentración!

Slurp slurp gato bebiendo agua del grifo
El agua corriente del grifo sabe mejor que la estancada en el cacharro que me pones. ¡Qué gustito!

Gatolleta…

… o metragato, según seas del norte de la aldea pitufa o del sur. Tontería gatuna para celebrar el viernes.

Aunque hay quien se queja de maltrato al bicho tampoco es para tanto: Ico hace esos ruidos cada dos por tres, sólo hay que cogerla en brazos…

¿Son cosas mías o últimamente no pongo más que chorradas en el blog?

ICO

Icoblack

Esta es Ico, mi gata tricolor mezcla de Bosque de Noruega con a saber qué bicho callejero. Como se ve por el ligero desenfoque, ni soy buen fotógrafo ni tengo una buena cámara… pero la pose de la gata compensa con creces ambas deficiencias. Aunque coincida con las siglas del Instituto de Crédito Oficial, su nombre viene de una princesa guanche llamada así (Ico, no Instituto de Crédito…). Esta es su historia:

LA LEYENDA DE LA REINA ICO

Reinando Zonzamas en Lanzarote llegó a la isla una embarcación española al mando de Martín Ruiz de Avendaño. Al ver la nave a distancia los isleños se aprestaron para el combate. Transcurrido el tiempo, Ruiz de Avendaño decidió ir a tierra en son de paz, llevando consigo un rico vestido que regaló al rey como muestra de amistad. Zonzamas aceptó el regalo y, en muestra de amistad, entregó al recién llegado ganado, leche, queso, pieles y conchas, invitándolo a descansar en su morada de Acatife.

Allí eran esperados por la reina Fayna y sus hijos, Timanfaya y Guanareme. Como huésped de los reyes pasó Avendano varios días en Mayantigo. Mas tarde retornó a su barco y partió.

A los nueve meses la reina Fayna dio a luz una niña de tez blanca y rubios cabellos, a la que puso por nombre Ico. El pueblo murmuraba y renegaba de la princesita y de su origen. Así transcurrió el tiempo, y la niña creció sana y hermosa al cuidado de Uga, su aya.

Transcurrido el tiempo Zonzamas y Fayna murieron. Los Guaires, reunidos en asamblea, proclamaron rey a Timanfaya. Con el paso de las estaciones Ico se fue convirtiendo en una bella joven. Guanareme se enamoró de ella y acabó por hacerla su esposa.

Tiempos después otras naves vizcaínas y sevillanas llegaron a las costas de Lanzarote en busca de esclavos. Los lanzaroteños se aprestaron para la defensa. En la lucha muchos isleños murieron, otros fueron hechos prisioneros y encadenados como esclavos para ser vendidos en la Península. Entre estos últimos estuvo Timanfaya.

Desaparecido el rey, los guaires se reunieron otra vez para elegir nuevo soberano. Este debía de ser Guanarteme, pero nadie osó pronunciar su nombre, pues si era elegido su esposa, Ico, debería ser reina y su nobleza, origen y sangre eran discutidos. Su piel y sus rubios cabellos recordaban demasiado la lejana llegada de Ruiz de Avendaño y si Ico no era hija de Zonzamas, no podía llevar la corona, así que tuvo que huir.

Deliberaron largamente los Guaires. Finalmente decidieron que, para llegar a la verdad, la princesa fuese sometida a la prueba del humo. Quedaría encerrada en una cueva acompaña de tres mujeres no nobles. Después se llenaría el aposento con un humo espeso y continuado; si la sangre de Ico no era noble, perecería como las otras mujeres. Si sobrevivía sería signo inequívoco de su nobleza. El día siguiente sería testigo de la prueba.

Por la noche Uga, la niñera de Ico, la visitó con el pretexto de animarla, pero nada más quedar a solas, la vieja aya le dio una esponja a la princesa diciéndole que al llegar la hora de la prueba, la empapara de agua y la pusiera en su boca, con lo cual saldría viva de la cueva. Ico hizo caso. Cuando fue abierta la cavidad las tres mujeres villanas yacían muertas, mientras que ella salió con vida. En Adelante sus súbditos no dudaron de su nobleza.

Como en toda leyenda hay ciertas contradicciones. Que Guanareme, hermano de Ico, se casara con ella es algo extraño. Si bien expertos en historia aborigen afirman que los hombres mahos pueden tener cuantas mujeres quisieran, parece que las hermanas eran respetadas, por lo que la unión entre ellos parece improbable. Otras versiones especulan que sean dos personas distintas. Uno hijo de rey y el otro un noble que tenía el mismo nombre que fue marido de Ico.

Ea.