Cuna para colecho

No se podía llamar simplemente ‘dormir con tu crío a gustito’, parece que había que ponerle una palabra técnica: colecho.

Desde el primer día Valeria ha dormido en su cuna. Cuna que primero fuera de su madre, luego de su tía, después de su prima segunda y ahora suya, ya que yo con un poco de ingenuidad y algunos tornillos la volví a montar como bien pude. Sin embargo, desde que Judith descubrió que era muchísimo más cómodo tener a la cría a su lado en la cama para darle el pecho a las tres de la madrugada, la cuna solo ha servido para que los gatos se peguen unas siestas de escándalo.

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Una cuna para cuatro generaciones.

Lo que sí nos quedó claro tras dormir un mes todos juntos es que haber comprado una cama de 1.35 en lugar de una de 1.50 o más fue un error. “Los juegos de cama que tenemos son para 1.35”, pensamos. No estuvimos muy finos. Así que decididos a dormir algo más anchos hemos reconvertido la cuna para pegarla a nuestra cama. Una cuna de colecto, la llaman.

Tras una tarde de cutrelaje, que es como el bricolaje pero con lo que tienes a mano, esta noche dormiremos de nuevo cada uno en su espacio: juntos pero no revueltos. Con cuatro ángulos de metal atornillados a los tres lados que quedan de la cuna elevé el somier, y dos cachos de madera hacen de patas en la zona central para evitar que se combe. Por ahora lo pegamos todo a la pared para que no se menee, pero tal vez más adelante le ponga unos anclajes a la cuna para mantenerla pegada a la cama, si es que el invento prospera.

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Tiene pinta de que le va a gustar, le encanta dormir con los brazos estirados.

Ahora solo queda soportar a los que insisten en mandar a dormir a los niños a otra habitación lo antes posible. Todavía no entendemos por qué, es una gozada despertarse y ver a tu hija dormir a tu lado. Esta cultura del poner primero la comodidad de los padres al contacto con los hijos nos parece un sinsentido. “Es para evitar que sufra cuando tenga una habitación propia”, hay quien nos dice. Un buen amigo respondió a eso que poco sentido tenía hacer sufrir ahora al niño para evitar un posible trauma futuro, con lo que estamos plenamente de acuerdo.

Por ahora dormiremos juntos mientras podamos, la cogeremos en brazos todo lo que queramos y le seguiremos dando todos los mimos que ella pida y más.

ACTUALIZACIÓN: Tras una primera noche de prueba parece que no ha funcionado bien, probablemente volvamos a la cama todos. La cosa es que hay que mover a Valeria de la cama a la cuna y se despierta, la pobre. Además, a media noche tenía las manitas heladas. Pues nada, donde caben dos caben tres… y un gato.

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