Una valla con palets paleta de madera

Los palets de madera son de los elementos más sufridos para construir cosas. Son baratos, y más todavía si recientemente has hecho una obra y se han quedado por ahí tirados unos cuantos. A poco que estén en buen estado pueden usarse para muchas cosas, y si están mal siempre puedes coger trozos de uno y de otro para montar un tercero en plan palet Frankenstein. No hace falta esperar a una tormenta eléctrica para eso.

Aunque mi cruzada principal sigue siendo contra el viento, había que montar sí o sí por seguridad algún tipo de valla que evitara saltar de la zona de las huertas a los goros.  Para ello usamos casi todos los palets que habían sobrado de la obra.

A fin de que ni el viento ni alguien apoyado pudiera tumbarlos fácilmente, cavamos una zanja de unos dos palmos de profundidad en la que enterramos los palets de tal forma que los travesaños quedaran verticales. Eso hace que uno de los de refuerzo quede enterrado. Compactando bien la tierra y colocando piedras pesadas el palet queda fijo y casi ni se tambalea.

Vallas con palets
Ya podemos plantar algo en esa zona sin miedo a caer por el borde ni a que nos saque un ojo la buganvilla… porque la eliminamos.

En la huerta más cercana a la casa (la foto de arriba) incluso llegan a proteger del viento, porque no  le pega mucho a esa zona. Pero en la huerta superior sigue haciendo falta montar algo más serio para evitar que las ventoleras nos destrocen lo cultivado. Todavía le estamos dando vueltas a cómo hacerlo, pero sospecho que vamos a necesitar primero una valla de metal, y con el tiempo plantar algo que haga de barrera natural.

Vallas con palets
Si se fijan bien, verán que Ratón y Mogli aprueban la construcción

Pasito a pasito vamos arreglando cosas, pero todavía queda mucho por hacer.

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Cuna para colecho

No se podía llamar simplemente ‘dormir con tu crío a gustito’, parece que había que ponerle una palabra técnica: colecho.

Desde el primer día Valeria ha dormido en su cuna. Cuna que primero fuera de su madre, luego de su tía, después de su prima segunda y ahora suya, ya que yo con un poco de ingenuidad y algunos tornillos la volví a montar como bien pude. Sin embargo, desde que Judith descubrió que era muchísimo más cómodo tener a la cría a su lado en la cama para darle el pecho a las tres de la madrugada, la cuna solo ha servido para que los gatos se peguen unas siestas de escándalo.

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Una cuna para cuatro generaciones.

Lo que sí nos quedó claro tras dormir un mes todos juntos es que haber comprado una cama de 1.35 en lugar de una de 1.50 o más fue un error. “Los juegos de cama que tenemos son para 1.35”, pensamos. No estuvimos muy finos. Así que decididos a dormir algo más anchos hemos reconvertido la cuna para pegarla a nuestra cama. Una cuna de colecto, la llaman.

Tras una tarde de cutrelaje, que es como el bricolaje pero con lo que tienes a mano, esta noche dormiremos de nuevo cada uno en su espacio: juntos pero no revueltos. Con cuatro ángulos de metal atornillados a los tres lados que quedan de la cuna elevé el somier, y dos cachos de madera hacen de patas en la zona central para evitar que se combe. Por ahora lo pegamos todo a la pared para que no se menee, pero tal vez más adelante le ponga unos anclajes a la cuna para mantenerla pegada a la cama, si es que el invento prospera.

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Tiene pinta de que le va a gustar, le encanta dormir con los brazos estirados.

Ahora solo queda soportar a los que insisten en mandar a dormir a los niños a otra habitación lo antes posible. Todavía no entendemos por qué, es una gozada despertarse y ver a tu hija dormir a tu lado. Esta cultura del poner primero la comodidad de los padres al contacto con los hijos nos parece un sinsentido. “Es para evitar que sufra cuando tenga una habitación propia”, hay quien nos dice. Un buen amigo respondió a eso que poco sentido tenía hacer sufrir ahora al niño para evitar un posible trauma futuro, con lo que estamos plenamente de acuerdo.

Por ahora dormiremos juntos mientras podamos, la cogeremos en brazos todo lo que queramos y le seguiremos dando todos los mimos que ella pida y más.

ACTUALIZACIÓN: Tras una primera noche de prueba parece que no ha funcionado bien, probablemente volvamos a la cama todos. La cosa es que hay que mover a Valeria de la cama a la cuna y se despierta, la pobre. Además, a media noche tenía las manitas heladas. Pues nada, donde caben dos caben tres… y un gato.

Cuatro meses después

El parto de Valeria no fue especialmente complejo, aunque sí largo. El proceso en total fueron unas 28 horas, desde las nueve de la mañana del viernes a las tres de la tarde del sábado siguiente, pero porque los partos inducidos suelen serlo. Los paseos por los pasillos para propiciar las contracciones, el dolor en aumento hasta la administración de la epidural, el solitario bocadillo de madrugada en la cafetería del hospital, la eternidad hasta dilatar cuatro centímetros y de repente estar en diez y empujando.

Se le lió un poco el cordón y no quería salir, así que en el último momento me echaron del quirófano, aplicaron una episiotomía y la sacaron con ayuda de una ventosa. Nos dejaron solos un par de horas, agotados. Valeria se enganchó al pecho casi a la primera, tenía más claro qué hacer que nosotros.

No voy a hablar de sentimientos porque no sé, pero no hubo gozo edulcorado ni alegría indescriptible como en las películas.  Más bien completitud, una pieza había encajado en su sitio. Todo era como tenía que ser.

A los dos días estábamos ya en casa. Despareció la colestasis, aprendimos a bañar a la niña, a cambiar pañales, a alimentarla. La peor parte sin duda se la llevó Judith, tanto por la recuperación  de la episotomía, que es muy dura, como por el dolor que a veces conlleva la lactancia materna exclusiva.

Pero todo eso ha pasado. Poco a poco el dolor desapareció, se curaron las heridas y aprendimos a organizarnos. Valeria es un angelito, buena como ella sola. Rara vez llora, solo cuando tiene hambre o un pedo atravesado. Sonríe, sonríe a todas horas. Desde que se levanta hasta que se acuesta. Incluso cuando está a punto de dormirse, con los ojos entrecerrados, intenta sonreir si  te ve mirarla.

Con cuatro meses ya es una personita. Hemos visto capítulos de Hora de Aventuras y Bravest Warriors juntos. Se queda embobada escuchando en el iPad las canciones de los dibujos de los sábados por la tarde que veíamos de pequeños (hasta el punto que se olvida de que tenía hambre). Coge los juguetes que le llaman la atención y empieza a balbucear sus cosas.

Supongo que soy un padre privilegiado. Trabajar en casa me permite disfrutarla a cualquier hora, no tengo que pedirle a mi mujer que espere a que vuelva de la oficina para bañarla. Judith ha pedido una excedencia y estará junto a ella hasta que cumpla un año: ¿para qué trabajar para ganar dinero para pagar a alguien por hacer lo que tú quieres hacer? Tiraremos de ahorros y de lo que PlayMedusa vaya dando, y disfrutaremos todo lo posible de este primer año de vida de nuestra hija.

Luego seguiremos improvisando, que por ahora no ha salido del todo mal.

 

Papás en 3…2…1…

Un parto programado es como una fiesta de cumpleaños sorpresa de la que te enteras porque a un amigo se le escapa algo. Sí, claro que la acabas disfrutando, ¡pero pierde parte de la gracia!

Las contracciones que no sabes si lo son,  salir con prisas de casa dejándote los bolsos que llevas semanas preparando,  conducir hasta el hospital con tu mujer resoplando al lado, entrar en el hospital, correr por los pasillos, gritos en el paritorio y todo eso que los padres primerizos imaginamos que es como hemos visto mil veces en el cine, aunque luego seguro que no tiene mucho que ver.

El nacimiento de Valeria no va a ser así (aunque tal vez sí haya gritos en el paritorio). Va a ser programado. Va a ser dentro de tres días. La culpa la tiene una colestasis gestacional.

Todo empezó hace unas semanas con picores en la palma de las manos y de los pies de Judith. Haciendo lo que nunca se debe hacer, consultó al Doctor Google. Colestasis del embarazo apareció como causa más probable en varios foros de estos donde las embarazadas comparten dudas,  síntomas y diagnósticos. Es una enfermedad rara asociada al tercer trimestre de embarazo (y me refiero a la colestasis, no a participar en esos foros), una patología del hígado que introduce  ciertas sustancias en la sangre de la madre, las que provocan los picores. Al buscar más información y leer “puede producir muerte súbita intrauterina”, terminamos de acojonarnos. Luego recibimos la bronca del médico de verdad por buscar estas cosas en Google y al poco la confirmación de que realmente era colestasis. Punto, sin que sirva de precedente, para el Doctor Google.

Los picores que produce son infernales, y más durante la noche. Judith lleva sin dormir bien casi desde que empezaron los síntomas, y solo le alivia un rato el frío localizado. Hasta compramos una pequeña piscina (de estas de PVC desmontables) para que pudiera chapotear y refrescarse. Pero nada, iban a más.

Al parecer hasta hace relativamente poco tiempo no se asociaban estos picores con las muertes intrauterinas, pero ahora se conoce y se controla la enfermedad. Controlar en este caso es simplemente monitorizar. Más allá de antiestamínicos para los picores (que a Judith desde luego no le han funcionado) y otras pastillas para tratar de mantener bajas las sales biliares en sangre,  el control consiste en análisis y registros semanales para observar  el estado de salud de la niña. Por ahora está estupendamente. Pero la madre está desquiciada. Despertarnos a las tres de la mañana por los llantos del bebé va a ser una gozada comparado con las  últimas noches que hemos pasado. Anoto esto para repasarlo más adelante, porque me da en la nariz que me voy a comer mis palabras.

Cuanto más tiempo pasa más aumentan ciertas transaminasas en sangre, y ya he contado cómo puede acabar la cosa. La colestasis gestacionales terminan en partos inducidos para evitar complicaciones. Tan pronto como el bebé cumple 37 semanas, se provoca el parto. Luego la colestasis desaparece. Qué cosas.

Valeria las cumple precisamente dentro de tres días.

Y como la historia es un poco triste así en su conjunto, mejor nos quedamos con la idea de que estamos tan impacientes por conocerla que vamos a dar a luz un poquito antes de lo que toca.

Cómo hacer una compostera con un cubo plástico.

Una de las cosas que queríamos tener en el huerto era una compostera con la que reciclar los deshechos vegetales del huerto y de la casa. En algún momento trataremos de conseguir una vermicompostera, una de esas preparadas para que sean las lombrices quienes se encarguen de generar compost, pero por ahora tenemos una más clásica.

Al principio pensamos en rehusar algunos de los palets de madera que tenemos. Con unos pocos palets y colocando las maderas adecuadamente puede uno hacerse una compostera de un montón de litros. Pero finalmente, y dado que no generamos muchos deshechos por ahora, buscamos una alternativa.

En Leroy Merlín venden composteras de distintos tamaños, pero nos parecieron bastante cutres. Las puertecitas se desmontaban y el  conjunto no parecía nada sólido. En lugar de los 60€ que pedían por la más barata nos hicimos una con 18€ que costaba el clásico cubo de basura negro y una horita de entretenimiento con cosas que pueden cortar dedos y abrirte agujeros en la cabeza.

Para permitir la aireación del interior, puesto que la descomposición debe ser de tipo aeróbico, abrimos una serie de agujeros con un taladro en las paredes del cubo. Aunque también se recomienda abrir la base para que el compost esté en contacto con la tierra, solo le hice unos agujeros por si hubiera que cambiar la compostera de sitio (si no, al levantarlo se quedaría todo en el lugar cual flan de materia orgánica en descomposición). Finalmente, para facilitar la extracción del compost por la parte inferior del cubo, abrimos una puertita con una caladora e improvisamos unas bisagras con dos cinchas plásticas. La cosa queda como se ve en la foto:

Compostera hecha en casa

A la derecha se ven los agujeros que tiene el fondo del cubo. Ahora ya solo es cosa de ir llenando la compostera y esperar a que el tiempo haga su trabajo.

Y ni perdí dedos ni hice agujeros donde no debía. Voy aprendiendo.

Un bancal profundo

Hace unos años ciertamente no me imaginaba comprando y usando algunas de las herramientas y aparatos que he adquirido últimamente. Y aunque por un momento, dado no solo que voy a ser padre en breve sino que además será niña, estuve a punto de abstenerme de hacer un chistecito con la frase anterior, debo comentar que no, no son juguetitos sexuales. Al menos en su uso habitual.

Entre mis recientes adquisiciones se encuentran una pala, una horca, una bomba de agua, un bidón de 1000l y 50l de, dicho mal y pronto, mierda de caballo. Me he propuesto arreglar el huerto y ya no hay marcha atrás.

Para ello, y como buen urbanita, seguiré los consejos de dos libros: El Horticultor Autosuficiente, de John Seymour, y El Huerto Familiar Ecológico, de Mariano Bueno. El primero, junto a La Vida en el Campo, del mismo autor, es altamente recomendable (pueden encontrarse juntos en una misma edición, y ambos son todo un clásico. O dos.). El de Mariano Bueno es que es raro, porque contiene tanto datos científicos como magufadas de todo tipo (pero de todo tipo, parece un compendio: antroposofistas, soluciones homeopáticas, horóscopos, energías misteriosas…). Pasando de largo de las chorradas pseudocientíficas (o no, que están bien para echarse unas risas) no está tan mal, aunque en muchísimas cosas cuenta exactamente lo mismo que el de John Seymour.

En cualquier caso, en algún momento dejé de leer y empecé a preparar nuestro bancal profundo. Primero pasé una semana arrancando las malas hierbas que habían ido creciendo, después de lo cual sufrimos una plaga de pequeños insectos que, al perder la cobertura vegetal que les servía de hogar, se lanzaron en masa a la fachada de la casa. Dos veces probé a regarla para ahogar a los bichos sin que sirviera de nada. Al final desaparecieron por si solos en un par de semanas. Creo que el perenquén gordo que salvamos de las garras de Ratón todavía nos está agradeciendo el banquete.

La idea de un bancal profundo es arreglar una zona del huerto de tal forma que la tierra esté siempre mullida, poco compacta. Al parecer las raíces pueden así crecer hacia abajo más que hacia los lados como harían en un terreno menos suelto, y pueden plantarse más cosas en menos espacio. En principio mejora la producción y la salud del huerto. Se ve que esto lo hacían los chinos hace mucho. También los franceses, pero su civilización impone menos.

Para preparar un bancal profundo solo es necesario delimitar una zona de unos 1.20m de ancho por el largo que uno pueda, quiera, o tenga fuerzas para cavar. Una vez establecidas las dimensiones se cubre de abono (de ahí los 50l de caca de caballo) y se va cavando de un extremo a otro, abriendo sucesivas zanjas cuya tierra rellena la zanja anterior, hasta haber removido toda la tierra del bancal. La cosa es que toda esta tierra removida no debe volver a ser pisada. De ahí el 1.20m de ancho (aproximadamente, claro), porque como el bancal no debe pisarse tenemos que poder acceder a toda su superficie desde los lados. Y no debe pisarse, principalmente, para que no se apelmace de nuevo. Pero también porque después de las tres horas largas que me pasé cavando y moviendo tierra de aquí para allá, quien me pise el bancal se arriesga a llevarse un palazo en el cogote.

Bancal profundo
La zona de tierra ligeramente más elevada es el bancal profundo. Falta cubrirlo con un acolchado vegetal o con jable.

El próximo paso será montar el sistema de riego por goteo. Para eso compramos la bomba y el bidón. La idea es que la bomba llene el bidón extrayendo el agua del aljibe. Y como el bidón los instalaremos un poco por encima de la huerta, la gravedad debería encargarse de que el riego por goteo funcione. Pero ya veremos cómo va eso.

Por de pronto plantaré y regaré a mano una mata de fresas, algunas semillas de borraja y berros. En unos semilleros tengo preparados ya pimientos y unas semillas de tomates de Barbastro – que no es que los canarios sean malos, es solo por novelería.

Esperemos que en unos meses la foto que ponga muestre más verde y menos tierra.

Cambio de perspectiva

Llevo unos días horribles en términos profesionales. Aplicaciones que fallan misteriosamente, prisas repentinas de un cliente, amenazas veladas de otro (o un correo mal entendido, espero que sea lo segundo)… La mudanza a la casa no ha ayudado a ordenar la agenda, aunque poco a poco me voy adaptando al nuevo entorno de trabajo. Cuando por fin nos colocaron las puertas que faltaban la casa empezó a parecer menos una obra y más una casa.

Pero hoy especialmente ha venido siendo uno de esos días en los que te cuestionas tu valor como profesional y si no valdría más la pena mandarlo todo a la porra y buscarse “un trabajo de verdad”, como diría mi madre – eso de que su hijo sea autónomo me da que no termina de verlo claro. No todo va mal, por supuesto. Si no, no llevaríamos dos años ya con PlayMedusa.  Pero a veces algo falla y a quien molesta no es a nosotros, sino a un cliente (o al cliente de un cliente), y eso destroza un poco la moral. 

Y liado como estoy con mil cosas entre manos nos toca ir al ginecólogo. Media hora en coche solo hasta Santa Cruz (Judith fue directa desde el colegio), semáforos, tráfico, un infierno para aparcar, casi llego tarde… Pero una vez entramos a la consulta y empiezan a hacerle la eco a Jud, todo cambia de repente. 

Cabeza, pies, manos, columna vertebral, los ojitos, el corazón latiendo. Se gira, se recoloca, la ginecóloga presiona un poco el vientre para que se mueva… Y parece que ya está claro. Será una niña. Y la eco no lo decía claramente, pero será una niña estupenda. Esbelta, guapa, tremendamente inteligente. Tendrá un sentido del humor admirable, con un punto mordaz, independiente y avispada. Le apasionará la lectura, como a nosotros, pero también devorará películas y buenas series. Creo que tocará un instrumento, tal vez el violín, y hasta puede que le gusten los videojuegos. Desde luego le gustarán los gatos. De los hombres que pasen por su vida ya veremos, pero espero ser un buen modelo para que elija al adecuado. No sé qué estudiará, eso lo elegirá ella, pero disfrutará con lo que haga. Sea como sea, ya la queremos. 

El resto ahora mismo me importa bastante poco.

Cómo te puede cambiar el punto de vista en un momento.