Papás en 3…2…1…

Un parto programado es como una fiesta de cumpleaños sorpresa de la que te enteras porque a un amigo se le escapa algo. Sí, claro que la acabas disfrutando, ¡pero pierde parte de la gracia!

Las contracciones que no sabes si lo son,  salir con prisas de casa dejándote los bolsos que llevas semanas preparando,  conducir hasta el hospital con tu mujer resoplando al lado, entrar en el hospital, correr por los pasillos, gritos en el paritorio y todo eso que los padres primerizos imaginamos que es como hemos visto mil veces en el cine, aunque luego seguro que no tiene mucho que ver.

El nacimiento de Valeria no va a ser así (aunque tal vez sí haya gritos en el paritorio). Va a ser programado. Va a ser dentro de tres días. La culpa la tiene una colestasis gestacional.

Todo empezó hace unas semanas con picores en la palma de las manos y de los pies de Judith. Haciendo lo que nunca se debe hacer, consultó al Doctor Google. Colestasis del embarazo apareció como causa más probable en varios foros de estos donde las embarazadas comparten dudas,  síntomas y diagnósticos. Es una enfermedad rara asociada al tercer trimestre de embarazo (y me refiero a la colestasis, no a participar en esos foros), una patología del hígado que introduce  ciertas sustancias en la sangre de la madre, las que provocan los picores. Al buscar más información y leer “puede producir muerte súbita intrauterina”, terminamos de acojonarnos. Luego recibimos la bronca del médico de verdad por buscar estas cosas en Google y al poco la confirmación de que realmente era colestasis. Punto, sin que sirva de precedente, para el Doctor Google.

Los picores que produce son infernales, y más durante la noche. Judith lleva sin dormir bien casi desde que empezaron los síntomas, y solo le alivia un rato el frío localizado. Hasta compramos una pequeña piscina (de estas de PVC desmontables) para que pudiera chapotear y refrescarse. Pero nada, iban a más.

Al parecer hasta hace relativamente poco tiempo no se asociaban estos picores con las muertes intrauterinas, pero ahora se conoce y se controla la enfermedad. Controlar en este caso es simplemente monitorizar. Más allá de antiestamínicos para los picores (que a Judith desde luego no le han funcionado) y otras pastillas para tratar de mantener bajas las sales biliares en sangre,  el control consiste en análisis y registros semanales para observar  el estado de salud de la niña. Por ahora está estupendamente. Pero la madre está desquiciada. Despertarnos a las tres de la mañana por los llantos del bebé va a ser una gozada comparado con las  últimas noches que hemos pasado. Anoto esto para repasarlo más adelante, porque me da en la nariz que me voy a comer mis palabras.

Cuanto más tiempo pasa más aumentan ciertas transaminasas en sangre, y ya he contado cómo puede acabar la cosa. La colestasis gestacionales terminan en partos inducidos para evitar complicaciones. Tan pronto como el bebé cumple 37 semanas, se provoca el parto. Luego la colestasis desaparece. Qué cosas.

Valeria las cumple precisamente dentro de tres días.

Y como la historia es un poco triste así en su conjunto, mejor nos quedamos con la idea de que estamos tan impacientes por conocerla que vamos a dar a luz un poquito antes de lo que toca.

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¡Enhorabuena! Es una judía.

El poyo de la cocina. Es lo único que queda para mudarnos a casa definitivamente. ¡Y lo instalan mañana! Ya está todo listo, excepto un par de mosquiteras (el aluminio ha sido la parte más problemática de la obra, hasta el final) y pintar dos paredes exteriores, pero el resto está todo terminado. Lo que en un principio iba a ser una nadería de quince días ha durado cuatro meses y medio, ¡pero ha valido la pena! De haber sabido que nos íbamos a embarcar en semejante obra tal vez hubiéramos ampliado un poco el baño, que se ha quedado algo pequeño, pero aun así hemos hecho todo lo que creíamos que haría falta… y más.

Cuando a mitad de obra decidimos convertir la vieja cocina en un segundo cuarto con la idea de tener en el primer piso la zona habitable – tanto nuestra habitación como la de un futuro crío –  dejando el piso de arriba para los despachos y una habitación enorme que por ahora no usaremos, ¡no nos imaginábamos que lo de futuro iba a ser más bien presente! A estas alturas Judith lleva ya tres meses de embarazo. ¡Si todo sale bien seremos papás en Septiembre! Todavía no sabemos si es niño o niña, aunque por las ecografías por ahora no pasa de garbanzo o judía. ¡Qué ilusión! ¡Y me dicen que en algún momento le saldrán brazos y piernas! Que vamos, no quiero ponerme en plan padre exigente tan pronto, pero eso sería estupendo. Total, que excepto por las náuseas constantes de mi mujer todo va muy bien.

Por fin dejaremos de vivir de prestado y volveremos a casa. Resulta curioso pensar que nos fuimos siendo dos y volvemos tres. Cuatro si contamos a Ico, quien ha superado completamente el mal trago – está haciendo unas cacas del tamaño de las de un perro pequeño. Y tal vez cinco, que casi seguro habrá que adoptar a Ratón dentro de casa (ha vivido más tiempo ya allí que nosotros mismos). Y como al final la tía de Judith no quiera quedarse con el perrito que encontraron en el monte (sin chip, desgraciadamente, por lo que no hemos podido dar con el dueño), ¡seremos seis!

Sea como sea, el próximo post ya será desde nuestro nuevo hogar.