Viviendo a cachos

Se desató la tormenta, y de qué manera. Ayer fue uno de esos días donde una metáfora se hace realidad a la vez que lo que explica está ocurriendo. Resulta que una aplicación que creé para cierto cliente, con quien además trabajaba por primera vez, no hizo sino dar problemas de los gordos, teniéndome preocupado por arreglarlos hasta medianoche. Y coincidió con que comenzaron las obras dentro de casa, abriendo una ventana y una puerta nuevas, llenándolo todo de polvo y escombros, obligándonos a comenzar una mudanza… otra vez.

Ya han arreglados todos los techos. Las nuevas tejas han dejado a la casa mucho más vistosa, la verdad, pero ahora ha llegado el momento de empezar la verdadera obra. Luz, agua, cocina, baño y cambio de todas las ventanas, así que debemos mudarnos a casa de la abuela de Judith, que vive también en Fasnia. El rato que estuve hoy trabajando mientras taladraban paredes me llenó de polvillo hasta las orejas.

Así que mientras mi vida profesional sufría un buen palo, la casa casi literalmente se caía a cachos a mi alrededor. Todo tenía un punto como de pesadilla. Hacia la media noche, cuando por fin conseguí dejar la aplicación corregida, me sentía físicamente enfermo. Desde luego, mentalmente agotado. Y volver a tu habitación sorteando cascotes, esquivando andamios y con sabor a tierra en la boca no mejoraba la situación. Parecía un enterrador.

Pero lejos de poder descansar, hoy la obra ha ido a más, abriendo frentes en varias habitaciones. Ya de buena mañana estaban picando más agujeros. Toda la canalización de tuberías y cables de la luz de la cocina, un arco entre los despachos, una nueva puerta entre la cocina y el nuevo salón… En cuanto a la aplicación, no he tenido noticias, así que espero que haya ido todo bien. O eso o ha sido un desastre de tal magnitud que no quieren ni volver a hablarme. Durante la semana cualquier correo o telefonazo me hará saltar de los nervios, esperando que algo haya fallado.

Y a todas estas debo llamar al de las cocinas para terminar de elegir las puertas de los muebles y los electrodomésticos; y al del aluminio para confirmar el cristal de la mampara y la ventana de la fachada. Ah, y avisarle de una nueva puerta de aluminio que tendrá que preparar. No me ha quedado otra que cancelar una reunión con otro cliente, otro distinto, afortunadamente. Menuda semanita, y solo estamos a Martes.

¿Que dónde está mi mujer? Todavía más liada que yo, y si cabe más agobiada profesionalmente, preparando una asignatura que con el futuro cambio de Ley Educativa tal vez desaparezca. Otra Ley Educativa, sí, en este país no se aprende y todo gobierno, sea del color que sea, se propone reinventar el sistema educativo. Por lo general a peor. Así nos va.

Pero una de cal y una de arena – que como decía Joaquín Reyes, ¿cuál es la buena? – hoy me informaron de que nuestra iniciativa empresarial (PlayMedusa: Videojuegos Independientes y Servicios de Arte y Software, por si no he hecho suficiente publicidad anteriormente) había sido elegida para el programa de Puente Tecnológico a Sillicon Valley: una semana con casi todos los gastos pagados en la Meca de cualquier Ingeniero Informático. Cursos, charlas, contactos… Será el mes que viene, aunque ahora mismo me parece El Futuro.

Y aunque la obra se alargue (y eso que van a toda mecha) y esté todo manga por hombro (otra frase hecha que no termino de entender, por cierto), qué pedazo de casa nos está quedando. El polvo se limpiará y debajo estoy seguro de que aparecerá todo tal y como lo hemos planeado. Da igual que dilapidemos en ella casi todos nuestros ahorros. Ya me veo trabajando bien a gusto en mi despacho, con dos ventanas enormes que dan a los dos patios de la casa, con dos o tres gatos en mi regazo y medio muerto por la alergia. Cogiendo nuestras verduras del huerto, que ya alguna berenjena ha caído en la olla. O tomándome con mi mujer una cervecita en sendas hamacas,  que ya veremos dónde colocaremos. Que lo de la hamaca es algo que desde pequeño he querido tener, aunque siempre que he probado una me haya parecido infernalmente incómoda.

¡Hay demasiadas cosas pasando ahora mismo! Un montón de proyectos distintos, un montón de eventos que no controlo. No hay otra sino ir dando pasito a pasito hacia adelante, un trago de vez, despacio pero seguro. Este párrafo parece de un libro de autoayuda.

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