Se acerca el Invierno…

… y, o arreglamos pronto las ventanas por donde se cuela el aire y con él la tierra, o vamos a pasar más frío que un tonto, así que nos hemos puesto ya en marcha y la obra para acondicionar la casa empezará en breve. Hemos contactado con un contratista que parece serio e ilusionado por arreglar casas viejas, así que en una o dos semanas empezamos. Pondremos ventanas de aluminio imitando madera en el exterior, dejando por dentro las ventanas de madera donde estén bien y haya espacio suficiente; instalaremos nuevas tuberías de agua y cambiaremos la electricidad; renovaremos el baño y haremos una nueva cocina en lo que ahora es el salón; acondicionaremos el salón viejo, arreglándole el techo y puliendo el suelo, creando allí el salón nuevo; pondremos puertas exteriores nuevas, arreglaremos muros, impermeabilizaremos techos y otras mil cosas que iremos viendo según nos dé el presupuesto. Estoy seguro de que el lema de los Stark, “Se acerca el Invierno”, lo usaron más de una vez al estilo “En obras te veas” cuando tenían que reparar algún ala del castillo. Pero no nos queda otra si queremos dejar la casa cómoda y habitable.

Una de las cosas que tiene arreglar una casa es que todo el mundo parece tener ideas sobre cómo deberías hacerlo, al parecer todos menos tú que vas a vivir ahí. Unas buenas, otras malas, otras obvias, pero cada uno contribuye con su opinión. Las visitas, especialmente las de mis padres, aunque pocos se abstienen de decirnos qué hacer o no hacer, se convierte en una sucesión de propuestas. Entiendo que lo hacen con la mejor intención, pero a ratos me da la sensación, por como te dicen las cosas (o posiblemente por mi nefasta actitud ante los consejos), de que creen que no tenemos criterio o que no le hemos dado suficientes vueltas al asunto, y me cuesta aguantar las conversaciones. Contesto de malos modos que no lo veo nada claro cuando me proponen por tercera vez algo que no veo nada claro, y termino por retirarme de la conversación dejándosela a Judith, que para estas cosas es más diplomática. Que te hablen de poner una piscina en donde tenías planteado un pequeño invernadero para los semilleros… en fin, es un cambio de planes algo radical. Pero es peor cuando el asunto es una cuestión de gustos. Yo me cierro, Judith lo habla con corrección, y luego en la intimidad yo me llevo la bronca de mi mujer por borde.

Mientras vamos viendo qué hacer seguimos con nuestras cosas. Hemos limpiado de malas hierbas el huerto de delante, lo hemos vuelto a regar regularmente, hemos plantado un papayero (que a ver si soporta las ventoleras fasnieras), algunas judías pintas y, en unos días, zanahorias. Si se dan tan bien como las berenjenas y los pimientos, algo irá saliendo. También limpiamos la base de la higuera y aprovechamos para recoger varios cubos de higos de leche (están deliciosos, y me he hecho ya un sorbete de higos que está para chuparse los dedos). Para los duraznos habrá que esperar, aunque madurarán en pocas semanas.

Y ha costado, pero por fin nos hemos deshecho de toda la basura que sacamos de la casa. Han sido necesarias cuatro camionetas del chatarrero y el camión Ayuntamiento que recoge enseres cargado hasta arriba, pero el solar donde irá el garaje ya está limpio de escombros, muebles y desperdicios varios. Los gatos de la vecina se han quedado sin patio de recreo, pero así da menos aspecto de estercolero.

Y hablando de gatos, Simba y Ratón han crecido bastante, pero siguen jugando hasta con las piedras. Van juntos a todas partes, hasta tal punto que les he visto en el huerto haciendo sus necesidades a la vez, cada uno en su hoyo. Si se separan mucho, Ratón lloriquea. Como Simba ha aprendido a saltar del muro que separa la huerta al patio principal, pero a Ratón todavía le da miedo, nos enteramos de la visita de Simba por los lloriqueos de su hermano. Hay que verle, preocupado en lo alto del muro, hasta que le abres la puerta para que entre.

Y así como Simba y Ratón ya entran al patio que hasta ahora era terreno exclusivo de Ico, ésta también ha aprendido a saltar el muro y subir a las huertas. La primera vez que se fue de excursión nos dio un buen susto, porque ya era noche cerrada y no la encontrábamos por ninguna parte. Como fuera no tenemos luz todavía, tuvimos que enchufar una de las lámparas de la mesita de noche a dos alargadores y deambular por el patio trasero llamándola. Afortunadamente acudió al oír su nombre, saliendo de entre las pencas que rodean esa zona de la casa. A saber de dónde venía, la muy parrandera. Y hoy saltó el muro exterior y salió a pasear por la calle. De casualidad la vimos desde el segundo piso y evitamos que se alejara mucho, pero habrá que estar alerta.

Cuando se cruzan los tres hay por ahora una jerarquía muy clara. Si alguno se acerca demasiado a Ico les bufa, a lo que Ratón responde saliendo por patas. Simba se tumba sumiso, pero Ico por ahora no cede. Aun así tolera bastante bien el estar con ellos en el mismo patio. Ella se tumba en lo alto de la escalera, observándoles para que no se propasen y gruñendo si se acercan demasiado. Probablemente se sentirá bastante frustada al ver que sus avisos son totalmente ignorados por los dos gatitos, quienes se dedican a perseguirse o a perseguir cualquier cosa que se mueva, desde una pelota de tenis a un pétalo de la buganvilla.

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