Necesito vacaciones, para descansar de los fines de semana.

Tres fines de semana seguidos llevamos de zafarrancho de combate. Sábados y Domingos, entre cinco y seis personas, unas seis horas cada día para seguir sacando escombros y cosas viejas. Y aún no hemos terminado con todos los cuartos. Una casa tan grande es lo que tiene: facilita y hasta podría resultar casi recomendable, acumular cacharros, maderitas, hierros, latas, cajas, y cualquier cosa que, por remota que sea la posibilidad, pudiera resultar útil en el futuro.

Por ejemplo, unas siete disqueteras de 3.5”; dos torres viejas de ordenador sin la mitad de los componentes; una pantalla TFT pequeña y cuadrara; unas seis latas de aceite usado de motor;  un aparato viejo de visionado de negativos de fotos; un chasis de moto; unas cinco bicicletas y un patinete en distinto estado de abandono, junto a unas diez ruedas sin radios, gomas o cámaras; una cama elástica a la que no dejaría subirse ni al primo de Harry Potter; un parasol viejo y oxidado; nueve, NUEVE, televisores de tubo, de distintos tamaños; un aparato de gimnasia que no vale ni para sentarse en él a tomarse una cerveza; media máquina de step; sillas de plástico comidas por el sol; dos sofás viejos que resultarían un magnífico nido de ratas; una silla de oficina de la que le comprarías a un empleado que quieres despedir pero no sabes cómo decírselo; varios altavoces; cemento pasado; bidés y lavabos resquebrajados; muebles de contrachapado reventado por la humedad y puertas sueltas…

No sé por qué el inquilino acumulaba tantas cosas, igual las revendía para sacarse un sobresueldo. ¡Pero entonces no estarían allí! Sin saber mucho de psicología yo a eso lo llamaría Síndrome de Diógenes Leve, tirando a preocupante, aunque hay quien puede opinar que algunas de estas cosas podrían ser útiles. A mí mismo me parecía interesante guardar algunas de ellas: los imanes de los altavoces y de la nevera para jugar, por ejemplo. Pero sabiendo que Judith no me dejaría ni lo pregunté. Y ya me jorobó que la cama elástica y el patinete no estuvieran en mejor estado.

A todo lo anterior hay que sumar cosas que estaban en la casa desde hacía décadas. Una nevera vieja que consumía tanto al año como lo que costaría una nevera nueva; bidones oxidados, algunos desfondados (el que estaba en mejor estado lo guardamos en las huertas, para quemar rastrojos cuando nos den permiso); trozos diversos de madera, que en principio no tiraremos porque sí pueden ser útiles para las huertas; tuberías de todo tipo; libros viejos  de mi suegro, de la escuela, incluyendo la Enciclopedia Álvarez; o las baldosas que sobraron de cuando construyeron la casa de los Roques.

Este último fin de semana vino Javier, un vecino de Fasnia que se encarga de estas cosas, a recoger todo lo que pudiera llevarse. Después de dos viajes con su camioneta cargada hasta arriba todavía parecía que con lo que habíamos sacado de la casa pudiera equiparse cómodamente una pequeña aldea.

Síndrome de Diógenes
No lo tires, que igual sirve.

De no haber sido por la ayuda de la familia, no habríamos hecho ni la mitad de lo que hemos hecho estos días.  Y aún nos ha dado para hacer pequeños arreglos y reparaciones, seguir limpiando y hasta recuperar algún otro mueble que sí podría ser útil. Por ejemplo, uno de esos de formica que seguro has visto en casa de tus abuelos. Al menos la mía guardaba en uno muy parecido el Cola Cao y las galletas de la merienda.

La casa ya es habitable, así que pasaremos allí el verano. Hoy incluso nos preparamos un tentempié en la cocina, aunque primero tuve que reparar el tubo del gas y terminar de limpiar los goterones de grasa que aún le quedaban. Funciona bastante bien, pero me da que los fogones no bajan hasta el mínimo. Tendré que comprobarlos otro día. Ah, ¡y descubrí que el horno tiene un cacharro que gira para hacer pollos asados! Hace AÑOS que quiero algo así, desde que vi en la teletienda una especie de tostadora para salchichas. Lo primero que haré de comer será un montón de bradwurst al horno, ¡se me hace la boca agua de solo pensarlo! Hoy tuvimos que conformarnos con un par de bocadillos de mortadela y queso, con el pan calentito, aunque a mí me supo a gloria.

Primeros bocadillos en la casa de Fasnia
¡Nuestra primer tentempié en la casa!

Y sí, en cuanto pueda me desharé también de esos azulejos (aún queda mucha roña que limpiar, pero los eliminaría igual aunque me pudiese ver reflejado en ellos) y de la vajilla. No siempre viejo es sinónimo de bonito.

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2 thoughts on “Necesito vacaciones, para descansar de los fines de semana.

  1. Irene A. Canalís 22 julio, 2012 / 11:01 pm

    ¡No quites lo azulejos! Siempre pueden pintarse con pintura especial 😀 Y por cierto, esa cocinilla está como nueva. ¡Vaya curro!

  2. Laura 23 julio, 2012 / 8:45 am

    Me encantó lo de ” una silla de oficina de la que le comprarías a un empleado que quieres despedir pero no sabes cómo decírselo” XDDD Muy bueno. Oye! vaya curro!! Y sí, lo de tu inquilino… huele a bastante a Diógenes!
    Mucho ánimo y a ver si pronto pueden verse ahí instalados y empezar a disfrutarla 😉
    Un beso!!

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